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jueves, 6 de mayo de 2010

¿Tándem?


A Mayra Méndez

¿Tándem? Sí, tándem, y no es un nombre en sánscrito, es un vocablo llano, de origen latino para designar a aquello que en Borinquen Bella conocemos como doblecleta.

De acuerdo con el DRAE un
tándem es, en su primera acepción:
Bicicleta para dos personas, que se sientan una tras otra, provista de pedales para ambos.

No indica que sea un uso regional de algún país hispano, por lo que se puede inferir que forma parte del español normativo, común a todos los hablantes del español. Lo comparto con ustedes porque me pareció muy peculiar y novedoso. Al menos, nunca lo había escuchado por estos lares borincanos.

Espero que los "cabilderos boricuas" que luchan fieramente por nuestro español borincano en la Academia saquen mollero y pulseen como Dios manda para que nuestra doblecleta ingrese formalmente al bien prestigiado Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Es una alternativa lógica, sencilla y fácil de recordar, más que el tándem. ¿No creen que lo merece?

miércoles, 5 de mayo de 2010

Latinoamerica y el Caribe... pero, ¿qué Caribe?

Para esa humilde vida religiosa que va por Nuestra América sembrando las semillas del Reino

Durante mis años dentro de la vida religiosa participé en innumerables encuentros de religiosas y religiosos de todo el continente americano. Fue una época de mucho enriquecimiento humano y espiritual para mí. Sin embargo, llamaba mucho mi atención que en estas asambleas y encuentros los conferenciantes, en sus charlas y en sus escritos, hacían cierta distinción que a mí me chocaba enormemente. Hablaban de Latinoamérica y el Caribe, erigiendo una gran muralla entre ambas zonas geográficas, como si le fuera imposible a algunos pueblos cruzar ciertas fronteras culturales. Muralla totalmente ilógica para mí, tan arraigada en mi puertorriqueñidad y en mi reclamo por formar parte de la Patria Grande Latinoamericana.

Cuando separaban ambas áreas geográficas, como dos bloques heterogéneos, querían destacar en su concepción de Caribe a aquellos pueblos de origen anglosajón que lo habitan. Dentro de “ese Caribe”, incluían —y todavía lo hacen, creo—, también, a los pueblos del Caribe hispano. Esto significaba, tal vez sin proponérselo, excluir de su concepto de Latinoamérica a los pueblos del Caribe hispano.

Por eso, cuando una vez comentaba yo algo sobre la realidad social de los países de Latinoamérica —incluido, por supuesto, Puerto Rico— una religiosa me corrigió añadiendo: "y el Caribe", como si Puerto Rico no formara parte de los pueblos de Latinoamérica.

Para mí aquello era ¡terrible!, porque al establecer aquella diferencia que tanto me chocaba, se nos desarraigaba a los cubanos, los puertorriqueños, los dominicanos, los haitianos y a los pueblos francófonos del Caribe, de nuestra "latinoamericanidad".

De acuerdo con la definición que ofrece el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, latinoamericana(o) es un adjetivo utilizado para designar a las personas naturales del conjunto de los países de América colonizados por naciones latinas, es decir, España, Portugal o Francia. Dentro de estos países se encuentran: Cuba, Puerto Rico, Haití, la República Dominicana y todos aquellos pueblos de habla francesa y española, que, además, son caribeños.

Sé bien que en el fondo de toda esa extraña concepción sociocultural de Latinoamérica y el Caribe lo que hay es el gran deseo de incluir a los pueblos de origen anglosajón en las reflexiones teológicas sobre Nuestra América, como la llamó Martí. Pero considero que el problema podría resolverse añadiendo un adjetivo a ese “religioso Caribe”: Latinoamérica y el Caribe anglosajón.

Pero si ha habido algo que siempre me ha indignado profundamente es la soberbia imperialista del uso incorrecto del adjetivo americano para referirse solo a los ciudadanos de los Estados Unidos de América, cuando americanos somos todas y todos los que habitamos esta inmenso y hermoso continente que se extiende desde el océano Glacial Ártico por el Norte hasta el cabo de Hornos por el Sur. El adjetivo más apropiado para designar a un ciudadano de los Estados Unidos sería estadounidense, porque norteamericanos son, también, los canadienses y los mexicanos.

Y a fin de cuentas, quiénes más americanos que los pueblos caribeños hispanos. Sí, porque son americanos ¡cinco veces!: (1) americanos, por vivir en el continente americano; (2) latinoamericanos, por su origen latino; (3) iberoamericanos, por ser pueblos de América que antes formaron parte de los reinos de España y Portugal; (4) hispanoamericanos, por su origen español; y (5) caribeños, por formar parte de ese Caribe multicultural, lleno de colores y contrastes, que no casualmente se encuentra en América, el continente.


lunes, 12 de abril de 2010

¿Numerar o enumerar?


Hay verbos que, por su contenido semántico y por escribirse de manera similar, pueden causar confusión entre los hablantes. Un ejemplo de estos son los verbos numerar y enumerar.

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) numerar es: 1. Contar por el orden de los números. / 2. tr. Expresar numéricamente la cantidad. 3. tr. Marcar con números. Por otra parte, enumerar, según DRAE, significa: enunciar sucesiva y ordenadamente las partes de un conjunto.

Así pues, suelen usarse indistintamente para escribir oraciones como: Juan, por favor, enumera las cajas, cuando debería escribirse: Juan, por favor, numera las cajas.(Cuando se quiere exhortar a que se escriban números sobre las cajas). O bien: El presidente numeró las causas del conflicto bélico, cuando debería escribirse: El presidente enumeró las causas del conflicto bélico. (Si se quiere indicar que el presidente está ofreciendo una lista de las causas que han originado un conflicto bélico).

Así es que, distinguida lectora [o lector], si va a escribir números a las cajas de su mudanza, usted va a numerar las cajas, pero si lo que va a hacer es ofrecer a algún amigo o familiar las razones por las cuales se muda, usted va a enumerar las causas por las cuales cambia de residencia.