domingo, 19 de octubre de 2008

Mi DaBaR 4


De Patria a ¿”Patria”?

 

La Patria es una mujer

Y él regresó para amarla

Contra los que se desvelan

Tan sólo por disfrutarla

Y en vez de darle caricias ´

Lo que hacen es manosearla…

            “Sangueo para el regreso”

                                 Alí Primera

 

Nos ocurre a los hombres a unos prisioneros

Que se hallaran en una caverna subterránea

Y desde su nacimiento estuvieran amarrados a un banco,

de modo que nunca pudieran volverse y sólo vieran las

sombras que se proyectan en la pared de enfrente

cuando se hacen desfilar por detrás copias de las cosas

que existen en este mundo debajo del sol. Ese mundo de

sombras proyectado en la pared les parecerá ser la

única y verdadera realidad. Si luego salieran de la caverna

 a la luz del sol, se les haría difícil creer que fuera

éste el mundo verdadero.

                                                Platón, La República

 

Conversando informalmente con unos amigos surgió el tema del famoso anuncio de Medalla, que ahora tiene segunda parte. No pude ocultar mi desagrado ante el mismo. Recordé, entonces, el artículo que Luis Fernando Coss publicara en El Nuevo Día, el 11 de noviembre de 1998, titulado “¿Por qué recordar a Lincoln? y, luego de una reflexión, decidí exponer mi punto de vista sobre dicho anuncio.

En primer lugar, me parece que el utilizar a la mujer como puro objeto sexual va en detrimento de la dignidad que tan amorosamente le concedió Dios a nuestro género desde el momento mismo de la creación. Género que ha sido visto como puro objeto de consumo y explotación a través de todas las épocas. Y es este el mensaje que se encuentra implícito en dicho anuncio.

Esta promoción comercial ha empleado la metáfora de “la rubia” para designar al producto de esta compañía y utiliza a una mujer rubia como elemento de enganche para la venta del mismo. Mujer y cerveza son, pues, a través de este código manipulador, una misma cosa: un objeto de consumo que cumple con la función de satisfacer las pasiones del “macho boricua”.

 

En segundo lugar, me parece que al otorgarle el nombre de “Patria” a la joven que sale en el comercial se está haciendo una analogía entre paisaje natural y “geografía corporal”; es decir, entre playa y mujer, o mejor dicho, entre Nación y mujer. Nuevamente se confunden dos conceptos distintos, geografía y mujer, en un solo: la Nación. La “Patria”, la Nación, es lo palpable y disfrutable solamente a través de los sentidos masculinos. La Nación, en este anuncio, se reduce solamente al paisaje: el mar, la espuma, las palmeras, el sol, la arena, “la rubia”, etc. Y no es que esto esté mal, porque el paisaje es parte indispensable de la forma visible de la Patria, de la Nación. Pero la Patria, la Nación, es también el Pueblo, (que, de paso, no es nada rubio, y si no que se lo pregunten a Palés y a su “Mulata Antilla”), con toda su historia de resistencia y con una poderosa cultura de cinco siglos que se afirma y se reafirma en la lucha cotidiana, con todas las contradicciones que, muchas veces, esto conlleva y a pesar de toda la propaganda criminal y abusiva para asimilarnos.

Reducir la Nación al paisaje, al cuerpo de la mujer que, para colmo de males no es respetado ni dignificado, sino que por el contrario es explotado por comerciantes inescrupulosos, es, desde mi muy particular modo de ver, una manera de mutilar el rostro multiforme de nuestra nacionalidad y atenta contra nuestra dignidad humana.

Esto me lleva, además, a cuestionarme en dónde quedamos paradas, qué lugar ocupamos dentro de la Patria-Nación que presenta el anuncio, aquellas mujeres que no cumplimos con los requisitos de ser “hermosas” (entiéndase “rubias”), delgadas, de ojos azules y pelo lacio, etc. ¿No somos, acaso, puertorriqueñas y representativas de la Nación a la que por designio divino pertenecemos, las otras; es decir, las negras, las mulatas, las llenitas, las de pelo rizo o negro, etc.?

Por otro lado, quiero señalar un punto importante que subyace detrás de este discurso comercial. La “Patria” del anuncio es una mujer sumida en un profundo silencio. La “Patria” de Medalla es una mujer sin palabras. Son los hombres los únicos que se pronuncian, aún cuando su discurso sea tan hueco. Y me quedo yo pensando… en tantas cosas que tenemos que decir las mujeres. ¡Tantas aportaciones que podemos hacer, tantas luchas que tenemos que continuar, tantos espacios que tenemos que llenar con nuestra palabra y con nuestra acción! ¡Tantas mujeres valiosas que con 30 segundos en televisión podrían contribuir de alguna forma a transformar la realidad decadente que nos va envolviendo y socavando el alma!

Me hubiera gustado contemplar a una “Patria” que, en lugar de estar exhibiéndose por una hermosa playa nuestra, encarnara en su corporeidad la voz de los sin voz; la voz contestataria al poder que oprime, anula y degrada el pensamiento y el juicio crítico.

Ésta es mi lectura entre líneas de una campaña comercial que, desgraciadamente no es privativa de la compañía de cerveza Medalla, sino que surge del aparato publicitario que el sistema capitalista en que vivimos ha producido, adormeciendo y manipulando los valores éticos y morales de toda una sociedad.

Para concluir, quisiera señalar, que este anuncio, entre otros tantos, y muchos programas de nuestra televisión, saturada de mediocridad hasta la saciedad, y en la cual la mujer ha sido rebajada a un pedazo de carne para excitar la salivación “canina” del “machosaurio boricua”, forman parte del eterno carnaval en el que día a día se enajena a nuestro Pueblo. Pero ya lo dijo ese nefasto gobernador de nuestra oscura y triste historia colonial española, Miguel de la Torre, cuyo gobierno se conoció como el gobierno de las tres “B” (baile, botella y baraja): “Pueblo que se divierte no conspira”. Y ahí seguimos, hundidos en la miseria de las migajas que nos da el imperio, incapaces de levantarnos del lodo, adormecidos y amordazados para siempre en la “Caverna de Platón”, creyendo realidad lo que es falso reflejo.

 

18 de septiembre de 1999

Bayamón, Puerto Rico

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